En el MoMA las latas de sopa Campbell han aparecido abiertas y vacías, se busca un sospechoso que mostraron las cámaras de seguridad: 1.80 de estatura, caucásico, con una mancha de tomate en la ropa.
"No te fíes de la apariencia"— digo al contemplar mi rostro ante el espejo. La arrugada piel me oculta en su interior, no reconozco al anciano del espejo. Siento miedo de llegar a ver arrugas en mi mente, de terminar desvaneciéndome en mi olvido, transformándome en un completo extraño.
El galeno se creía un artista de la cirugía plástica, pero la responsabilidad la tuvo el paciente al decirle: —Haga de mi rostro una obra de arte. No imaginaba que el médico era un apasionado admirador de Picasso.