Era un perdedor nato, dilapidó su fortuna, arruinó su matrimonio y perdió a sus dos hijos. El día que su suerte se tornó, no pudo haber optado por peor juego. En su trémula mano derecha, el tambor de un revolver cargado con solo una bala, giraba hacia su irremediable premio.
Me debato entre dos mundos, dos personas, dos mentes que lidian en mi interior por emerger. Por un lado una influencia incontenible y cruel, por el otro, una calma demoledora. Una lucha entre el sol y la luna, el día y la noche, el bien y el mal. Y me pregunto quién saldrá vencedor, y si conoceré algún día la ansiada tregua.