Cuando la ardiente cerilla se acercó, la hoja de papel sufrió un ataque de Parkinson. Al rozarle, un cosquilleo de intensa pimienta le recorrió una de sus esquinas. Su blanco vestido se tiñó de gris a negro en segundos. La llama la desnudó a mordiscos, escupiendo al viento sus apolillados restos.
Pirofobia
22 marzo 2010
Cuando la ardiente cerilla se acercó, la hoja de papel sufrió un ataque de Parkinson. Al rozarle, un cosquilleo de intensa pimienta le recorrió una de sus esquinas. Su blanco vestido se tiñó de gris a negro en segundos. La llama la desnudó a mordiscos, escupiendo al viento sus apolillados restos.
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