
Extinguida la tinta de su inspiración, la página en blanco le miró desafiante. Él por su parte la contempló angustiado durante horas, que se tornaron en años. Durante este tiempo apenas se alimentó y durmió, se limitó a observarla. Tras lo cual enfermó de gravedad y murió. En la lápida del artista, no se colocó ningún epitafio. Su único recuerdo fue una triste y blanca lapida de mármol.