
Se oyen ruidos en la escalera, me acerco cuidadoso a la mirilla de la puerta y observo que es mi vecino del cuarto, subiendo su televisor nuevo, pero, ¿Qué se cree él, que yo no puedo comprarme uno también? Cuando por fin estoy en el establecimiento pagando con mi tarjeta, mi nuevo televisor, por supuesto más grande y más plano que el de mi vecino, me saluda un viejo amigo y me enseña orgulloso su nuevo móvil y me deletrea hasta la última de sus funciones, ¿Se estará riendo del mío? Me despido con una falsa sonrisa y corriendo me dirijo al mostrador de telefonía y le digo al dependiente que me dé él mejor que tenga, que no importa el precio. Pero no es al único que me encuentro, de regreso a casa veo a mi madre con su perro, al médico con su sombrero y a Paco con su bici. Llego a casa cargado y exhausto, dejo todo donde puedo, el perro, la bici, el teléfono, el sombrero y el televisor nuevo. Antes de que consiga sentarme suena el teléfono, es mi jefe para decirme que me he quedado sin empleo, y me lo dice ahora el muy perro, después de haberme gastado todo el dinero.